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Credos, Afirmaciones y Declaraciones (Enero 08)
Los Credos

Los credos son la manifestación de la fe de todos los tiempos, en ellas podemos encontrar el auténtico espíritu del cristianismo. Los más importantes o universalmente reconocidos han sido tres, el más antiguo es el Credo de los Apóstoles, este credo tiene sus raíces en las enseñanzas de los Apóstoles con el tiempo fue evolucionando hasta llegar como lo conocemos.
El Credo Niceno es después del de los apóstoles el más conocido fue en el Concilio de Nicea donde se manifestó la gracia de Dios en el corazón de la mayoría de los asistentes revelando verdades teológicas sobre la humanidad y divinidad de Jesucristo.
El Credo de San Atanasio es escrito en un momento donde la verdadera fe es cuestionada por el arrianismo, religión que atacaba la divinidad de Jesucristo; es pues San Atanasio el Apóstol defensor de la fe verdadera, es su credo profundo y sincero, salido del mismo corazón de Dios.

Los credos


El Credo de los Apóstoles
El Credo Niceno
El Credo de San Atanasio

EL CREDO DE LOS APOSTOLES

Creo en Dios Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo
y nació de la Virgen María.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos,
y está sentado a la diestra de Dios Padre.
Desde allí ha de venir a juzgar a
vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de los muertos,
y la vida eterna. Amen.


EL CREDO NICENO
Creemos en un solo Dios
Padre todopoderoso,
Creador de cielo y tierra,
de todo lo visible e invisible.

Creemos en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza que el Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros
y por nuestra salvación
bajó del cielo;
por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la virgen,
y se hizo hombre.
Por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato:
padeció y fue sepultado.
Resucitó al tercer día, según las Escrituras,
subió al cielo
y está sentado a la derecha del Padre.
De nuevo vendrán con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creemos en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creemos en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Reconocemos un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Esperamos la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.





Quicunque Vult
comúnmente llamado
El Credo de San Atanasio

Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Católica.
El que no guardarse esa Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente.
Y la Fe Católica es está: que adoramos un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Substancia;
Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo;
Mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad.
Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu.
Increado es el Padre, increado es el Hijo, increado el Espíritu Santo.
Incomprensible es el Padre, incomprensible es el Hijo, incomprensible es el Espíritu Santo.
Eterno es el Padre, eterno es el Hijo, eterno es el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno;
Como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible.
Asimismo, omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.
Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.
Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.
Así también, Señor es el Padre, Señor el Hijo, Señor el Espíritu Santo.
Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor;
Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor.
Así la Religión Católica nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores.
El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado.
El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.
El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.
Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo , no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.
Y en esta Trinidad nadie es primero ni postrero, nadie mayor ni menor;
Sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales.
De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad.
Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.

Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo.
Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios , es Dios y Hombre;
Dios, de la Substancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Substancia de su Madre, nacido en el mundo;
Perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad.
Quien, aunque sea dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo;
Uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios;
Uno totalmente, no por confusión de Substancia, sino por unidad de Persona.
Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo;
El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos.
Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.
Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno.
Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fielmente no puede salvarse.


Declaracion de Utrecht

La Declaración de Utrecht (24 de Septiembre de 1889)

En nombre de la SS. Trinidad

Johannes Heykamp, Arzobispo de Utrecht.
Casparus Johannes Rinkel, Obispo de Haarlem,
Cornelius Diependaal, Obispo de Deventer,
Joseph Hubert Reinkens, Obispo de la Iglesia Viejo Católica de Alemania,
Eduard Herzog, Obispo de la Iglesia Católica Cristiana de Suiza,

Congregados en la residencia del Arzobispado en Utrecht en el cuarto y vigésimo día de septiembre, 1889, después de la invocación del Espíritu Santo, se dirige la Declaración siguiente.

A la Iglesia Católica.

Congregándose para una conferencia en respuesta a una invitación del Arzobispo firmado de Utrecht, nosotros nos hemos resuelto de vez en cuando encontrarnos para las consultas en los asuntos de interés común, junto con nuestros ayudantes, concejales, y teólogos, de aquí en adelante.

Nosotros juzgamos apropiado en esta nuestra primera reunión para resumir en una declaración común los principios eclesiásticos en que nosotros hemos ejercido hasta aquí y continuaremos ejerciendo nuestro ministerio episcopal, y qué nosotros hemos tenido la ocasión repetidamente para declarar en las declaraciones individuales.

(1)Nosotros adherimos el principio de la Iglesia antigua extendido por St Vincent de Lérins en estos términos: ‘Id teneamus, quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum’. Por consiguiente nosotros cumplimos la fe de la Iglesia antigua como está formulado en los símbolos ecuménicos y en las decisiones dogmáticas universalmente aceptadas de los sínodos ecuménicos sostenidos en la Iglesia no dividida del primer milenio.

(2)Nosotros por consiguiente rechazamos como contraria a la fe de la Iglesia antigua y destruyendo su constitución, los decretos Vaticanos, promulgado el 18 de julio de 1870, acerca de la infalibilidad y el episcopado universal o plenitud eclesiástica de poder del Papa romano. Esto, sin embargo, no nos impide reconocer la primacía histórica, que varios concilios ecuménicos y los Padres de la Iglesia antigua, con el consentimiento de la Iglesia entera han atribuido al Obispo de Roma reconociéndolo como el Primus Inter Pares (Primero Entre Iguales).

(3)Nosotros también rechazamos el dogma de la Inmaculada Concepción promulgado por el Papa Pio IX en 1854 por no estar fundamentado en las Santas Escrituras, ni en la tradición de los primeros siglos.

(4) En cuanto a otros decretos dogmáticos emitidos por los Obispos de Roma en los últimos siglos, las bulas Unigenitus y Auctorem fidei, el Programa de estudios de 1864 etc., nosotros los rechazamos en todos sus puntos por estar en contradicción con la doctrina de la Iglesia antigua, y no los reconocemos como ligados a esta. Es más nosotros renovamos todas las protestas que la Iglesia Católica Antigua de Holanda ha hecho contra Roma en el pasado.

(5) Nosotros nos negamos en aceptar las decisiones del Concilio de Trento en las materias de disciplina, y nosotros sólo aceptamos sus decisiones dogmáticas en la medida en que estas estén de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia antigua.

(6) Considerando que la Santa Eucaristía siempre ha sido el verdadero punto focal de culto en la Iglesia católica, nosotros consideramos nuestro deber declarar que mantenemos en toda la fidelidad y sin desviación la doctrina católica antigua acerca del Santo Sacramento del Altar, creyendo que nosotros recibimos el Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador el mismo Jesús bajo las especies de pan y vino.
La celebración Eucarística en la Iglesia no es una repetición incesante ni una renovación del sacrificio expiatorio que Cristo ofreció por última vez en la Cruz; el carácter del sacrificio de la Eucaristía, sin embargo, consiste en ser la conmemoración perpetua de ese sacrificio y una representación real, promulgándose en la tierra, de la única ofrenda que Cristo, según Heb. 9:11-12, continuamente hace en el cielo para la salvación de la humanidad redimida, apareciendo ahora para nosotros en la presencia de Dios (Heb. 9:24). Esto es respecto al carácter de la Eucaristía el sacrificio de Cristo, que es al mismo tiempo una comida sacrificatoria, por medio de la cual el creyente, recibiendo el Cuerpo y Sangre del Señor, tengan comunión unos con otros (1 Cor. 10:17).

(7) Nosotros esperamos que los teólogos, mientras mantienen la fe de la Iglesia no dividida, tendrán éxitos en sus esfuerzos para establecer un acuerdo en las diferencias que han levantado las divisiones de la Iglesia subsecuentemente. Nosotros insistimos a los sacerdotes bajo nuestra jurisdicción en primer lugar enfatizar, predicando y por la instrucción religiosa, por ambas, las verdades cristianas esenciales profesadas en común por todas las confesiones divididas, cuidando evitar, en discusiones aún existentes en las diferencias, cualquier violación de verdad o caridad, y, de palabra y hecho, siendo un ejemplo a los miembros de nuestras parroquias de cómo actuar en cierto modo hacia las personas de diferente creencia de acuerdo con el espíritu de Cristo Jesús, quién es el Salvador de todos nosotros.

(8) Nosotros creemos fielmente que esto manteniendo la enseñanza de Cristo Jesús, mientras rechazando todos los errores que se han agregado a ella a través del pecado humano, así como rechazando todos los abusos en materias eclesiásticas y las tendencias jerárquicas, daremos lo mejor en neutralizar la incredulidad y la indiferencia religiosa que son el peor mal de nuestro día.

Dado en Utrecht, el 24 de Septiembre, 1889.
Johannes Heykamp.
Casparus Johannes Rinkel.
Cornelis Diependaal.
Joseph Hubert Reinkens.
Eduard Herzog.

Nota.- Ésta es una traducción fresca hecha del original alemán (cf. IKZ 84, 1994, p. 40-42). La primera traducción al ingles de la Declaración de Utrecht se publicó en The Foreign Church Chronicle and Review 13 (1889) pp. 225-227. La traducción mas ampliamente circulada será encontrada en C.B. Moss, The Old Catholic Movement, London, 21964, 281f. Moss exige que su traducción un poco parafraseada sea aceptada por los Obispos Viejos Católicos como correcta. Esto fue publicado en el Informe del Lambeth Conference of 1930, p. 142 (con las variaciones de ortografía y otras menores). Debe notarse que su versión inglesa casi-oficial se reproduce en texto abreviado sin la sección introductoria, como estuvo en uso en los círculos Viejos Católicos alrededor de 1930.

Nota del Traductor: Este texto fue traducido usando un software de traducción digital y las interpretaciones del propio traductor acerca de la lectura del texto en Ingles, el mismo fue obtenido en línea en fecha de Marzo 2006 en el siguiente URL http://www.utrechter-union.org/english/ibc_foundations5.htm. Esta traducción no es ni remotamente un texto oficial de la Unión de Utrecht, pero puede servir de manera ilustrativa a los creyentes de habla hispana para su comprensión y análisis.

Leyenda:
Texto en azul.- Traducción del Latín.
Texto en rojo.- Traducción al Español/Castellano.
Texto en verde.- Nota del traductor.



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